miércoles, 26 de diciembre de 2012

Dolor de humanidad

       Sé que este blog lo abrí en un primer momento para publicar más cosas que simplemente mis poesías, pero es lo que más me atrae ahora mismo y por donde ha ido derivando la cosa; aun así intentaré que haya más contenido variado próximamente.
Bueno, a lo que vamos, una nueva poesía, de las muchas que tengo escritas últimamente, que ha pasado la criba para ser publicada -me pasa que las cosas que escribo me flipan cuando las he escrito, pero después de un tiempo me dejan de gustar tanto; ésta es de las pocas que me siguen gustando después de un tiempo.
Dicha poesía toca un poco la temática del dolor, el sufrimiento y la desolación tan presentes en este mundo que da auténtico pánico indagar en ella. Además, he de decir que está un poco inspirada de uno de mis poemas favoritos, llamado Los heraldos negros, del poeta César Vallejo (cuya lectura recomiendo). Que la temática y la línea esté un poco inspirada de este poema, no quiere decir ni mucho menos que sea una copia e incluso ni que se parezcan mucho -si menciono la fuente, en parte, inspiradora es porque me gusta hacerlo y no soy como los que copian descaradamente cosas de muchos sitios y ni siquiera las mencionan.
       Disfrútenlo, si es que hay algo que disfrutar:

Dolor de humanidad

Yo conozco en mis carnes el hueso amarillo de la desolación,
 la depresión del amanecer que tortura miradas incrédulas,
 la bohemia, la culpa y el peso de una humanidad perdida
 como si yo fuera el culpable directo de su sino sangriento.

 Cargo con el llanto de tantos niños que me rondan
 que aún no sé si mi nacimiento fue castigo o demora,
 a mi lado pululan humanos con sentimientos ahogados en barro,
 y sólo algunos ven la luz muy de vez en cuando.

 Lo vivido se me empoza en la mirada
 y el cielo se oscurece iracundo de malos presagios
 que van a dar con gotas que caen sobre el alma.

 Mis huesos se quiebran contra el pavimento
y la sangre se destila a chorros por mis callejones;
 si muero: que sea de amor por lo justo.

lunes, 3 de diciembre de 2012

No me preguntes...

        Esta tarde me visitaron las musas y tuve que aprovecharlo. Cuando uno está apesadumbrado por momentos y el vacío, el nihilismo o el escepticismo hacen presencia hay cierta tendencia a profundizar sobre aspectos de la vida; esta tarde fue un momento de esos y la poesía es una gran herramienta para divagar sobre ello. 
        No suelo escribir la poesía de una forma marcada o académica, como si usar ciertos cánones fuera obligatorio -eso creo que ya se superó en el siglo XX-, por lo tanto, soy versátil con las formas o modos de hacerla (la elijo según me salga en el momento), como se puede apreciar en el poema de esta entrada. Que el poema diga el resto:

No me preguntes...

La noche gélida para corazones que no volverán a latir.

El reloj marca un tiempo que él no conoce.

La cama dejó de ser para dormir y es para soñar.

Los coches van con una prisa que ellos no tienen.

El amor se nutre del odio para ser amor.

La ventana cada día dibuja un paisaje diferente.

La razón se alimenta de la locura para serlo.

El perro encuentra compañía en humanos que duermen en la calle.

El pobre trabaja, vive y piensa para enriquecer al rico.

La droga libera al sentimiento preso en el fango.

Mi boli escribe lo que siente alguien al que no comprende.

El humano está empeñado en no aceptarse como tal.

El mar llora furia de siglos enteros.

La tierra erosiona pisadas que nadie verá.

La dignidad lleva una eternidad para salir del laberinto indigno.

La nostalgia enamora a los poetas para hacerles daño.

Las miradas aún no puede hablar.

La voz todavía no puede mirar.

La traición tortura con inquina a la lealtad.

Lo inanimado se rinde a la vida; lo animado a la muerte.

Las verdades duelen por un miedo falso.

La justicia no encuentra quien la quiera.

Las lágrimas anudan gargantas paralizadas.

El amor se enroló en una mafia que le prostituye.



No me preguntes si quieres que el mundo te conteste.